Las Farotas de Talaigua: La danza que defiende el honor de la mujer

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Las Farotas de Talaigua: La danza que defiende el honor de la mujer

Desde siempre me sentí atraída por una danza tradicional de la costa caribe colombiana, representada por hombres vestidos con llamativos atuendos fem

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Desde siempre me sentí atraída por una danza tradicional de la costa caribe colombiana, representada por hombres vestidos con llamativos atuendos femeninos que es lo que inicialmente atrae las miradas, por lo exótico, y que vale la pena describir pues es el primer impacto al encontrarlos frente a frente, o verlos danzar con alegres coreografías dentro de desfiles de carnaval y festividades donde son invitados.

Su vestuario incluye, entre otros elementos, faldas muy elaboradas, de variadas tonalidades brillantes, acompañadas de blusas de manga larga con una pieza sobrepuesta muy colorida bordeada con flecos a juego y rematado con un sombrero en punta lleno de flores de tela.

Cedida por Edgar Matute

Complementa el atuendo una sombrilla en la misma línea de decoración, así como fuertes maquillajes femeninos en el rostro a lo que se suman adornos como collares, aretes, anillos y más.

Para comprender toda esta explosión de tonalidades y expresiones, la invitación es a viajar rumbo al sur del departamento de Bolívar, a una pequeña población llamada Talaigua Nuevo, ubicada a unas 6 horas de distancia por carretera de Cartagena de Indias, hacia el sur en el mapa, hasta encontrar el río Magdalena y en su entorno hallar la colonial ciudad de Mompox, llena de historia y dueña de una de las celebraciones de Semana Santa más importantes del país.

Esa región, gobernada en los años 1600 por loCaciques Talaigua y Mompox, lideraban varias tribus asentadas en la región como eran los Chimilas, los Jolo-Jolo, los Farotos y los Malibúes, entre otros, quienes vivían de las riquezas de abundantes minas del más fino oro de la región y de una tierra de gran fertilidad para los cultivos.

Estas condiciones naturales con las que contaba atrajeron a los conquistadores españoles que llegaron allí a apropiarse de todas esas riquezas, incluyendo a las mujeres de todas las edades, quienes eran abusadas mientras los indígenas salían de cacería en las noches a sus labores de trabajo.

Cedida por Edgar Matute

En entrevista personal hecha al Sr. Edgar Matute Ardila, director de la agrupación, Gestor Cultural y heredero de una tradición a la que está vinculado desde los cinco años, cuenta en su relato que: «los caciques, cansados de los abusos y el irrespeto de los conquistadores hacia sus mujeres, utilizaron su reconocida “malicia indígena», para trazar un plan que diera fin a esta situación”.

Para esto, escogieron a los guerreros más fuertes y valientes de cada tribu que, con la gallardía y valentía propias de su entorno, fueron vestidos de mujer para esperar la noche en las chozas o bohíos donde acostumbraban a llegar los intrusos a cometer sus fechorías.  Estos en la oscuridad no distinguieron que se trataba de hombres disfrazados y fueron atacados por sorpresa hasta acabar con todos y poner fin a tanta humillación.

Cuenta la tradición que dejaron con vida a uno solo de ellos para que hubiera quien contara el relato, que no se repitieran los hechos, que no se perdiera la historia y expresarle al mundo entero que el honor de una mujer se respeta y que no hacerlo se puede pagar con la propia vida.

Es por esto que, desde el año 1887, la población convirtió estos hechos en la danza que conocemos hoy y que se pasea por diferentes escenarios y festividades nacionales mostrando orgullosamente su historia al ritmo de la música típica de la región que, marcada por la Flauta de Millo, la tradicional percusión y con diferentes coreografías va proclamando al mundo que seguirán preservando la cultura que defiende el honor de la mujer.

Es pertinente resaltar el compromiso adquirido por toda la población talaigüera y dentro de ella destacar a la familia Matute, quien heredó la tradición del maestro Efraín Chica, y que a través de seis generaciones ha mantenido la vigencia de esta tradición, asumiendo la difusión y la práctica de esta danza.

Una mención especial merece Don Manuel Joaquín Matute Herrera, quien a sus 90 años de vida es reconocido como el «Faroto Mayor» o «El Mama de las Farotas». Tiene sobre sus hombros la responsabilidad de continuar con la tradición, razón por la cual continúa participando firmemente en cada desfile con recorridos de hasta 5 kilómetros en medio del bullicio, la música y los aplausos bajo el inclemente sol del caribe colombiano, pero con la emoción de un compromiso cumplido y del orgullo de continuar contribuyendo a mantener vigente el legado de sus ancestros.

Cedida por Edgar Matute

Es fundamental la presencia de su hijo, el maestro Edgar Matute Ardila, quien comparte con su padre la responsabilidad de salvaguardar y mantener viva la tradición y, según sus propias palabras: “llevar al mundo entero el mensaje de que la dignidad de una mujer, el ser más maravilloso de la creacióndebe ser respetada en todos los lugares”.

Haber conocido de primera mano el origen y fondo de esta danza me llena de un orgullo que se multiplica al saber que, desde el periodismo turístico, tengo la oportunidad de apoyar su difusión ofreciéndote, estimado lector, este momento en que tienes en tus manos un relato real que expresa sentimientos y vivencias que jamás deberían perder vigencia y que espero compartas conmigo.

Por: Rosario Ortiz Conde

Periodista Turístico Colombia