Portobelo: Donde la historia danza entre máscaras y ritmos ancestrales

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Portobelo: Donde la historia danza entre máscaras y ritmos ancestrales

En la costa caribeña de Panamá, donde la selva esmeralda se funde con las aguas turquesas del mar, se asienta Portobelo, un poblado histórico y cultu

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En la costa caribeña de Panamá, donde la selva esmeralda se funde con las aguas turquesas del mar, se asienta Portobelo, un poblado histórico y cultural donde el tiempo parece latir con fuerza propia.

Foto: Yelina Pérez Sánchez

Entre manglares y montañas, sus fortalezas de piedra coralina, desgastadas por siglos de salitre y humedad, murmuran historias de tesoros saqueados, combates épicos y una resiliencia cultural que perdura con fuerza insólita. No obstante, cada dos años, el lugar cobra vida con el Festival de Diablos y Congos, una vibrante expresión de identidad afrodescendiente que entrelaza herencia cultural, resistencia y celebración en un estallido de color, música y tradición.

El pasado 3 de mayo este poblado, ubicado en la provincia de Colón celebró la XIV edición del festival reafirmando su papel como un crisol donde convergen la memoria ancestral y la expresión contemporánea.

Imposible pasar por alto que las Expresiones, Rituales y Festividades de la Cultura Congo fueron reconocidas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Este reconocimiento no solo reafirma el profundo valor de una tradición forjada en la resistencia, sino que también ha proyectado a nivel mundial la riqueza de la herencia afrodescendiente de Panamá.

Foto: Yelina Pérez Sánchez

Prueba de ello es el reconocimiento concedido por ONU Turismo a Portobelo, honrado entre los 55 Mejores Pueblos Turísticos del Mundo, en Cartagena, Colombia. Esta distinción no solo celebra su belleza singular, sino que también subraya un compromiso profundo: preservar el alma histórica y natural de este rincón del Caribe a través de un turismo que respira consciencia, respeto y comunidad.

Junto con El Valle de Antón, Portobelo inscribe a Panamá en el mapa mundial como un destino donde la autenticidad cultural se celebra y protege, fortaleciendo su identidad única y su atractivo para aquellos que buscan experiencias genuinas.

CONGOS Y DIABLOS: EL RITMO DE LA LIBERTAD

La danza de los Congos en Portobelo trasciende la mera expresión folclórica. Es una representación visceral, un ritual teatralizado del enfrentamiento simbólico entre los africanos esclavizados y el yugo opresor colonial.

En este poderoso performance, el Congo encarna al cimarrón, al esclavo fugitivo que desafía la autoridad con astucia y burla, mientras que el Diablo personifica la fuerza colonial que intenta subyugarlo.

Foto: Yelina Pérez Sánchez

La escena se desarrolla en un espacio cargado de teatralidad, donde el ritmo frenético de los tambores y la sátira mordaz son las armas de esta guerra cultural. “El festival es una plataforma crucial para visibilizar la rica cultura congo-portobeleña y para reinterpretar nuestra historia desde nuestra propia voz”, explicó con pasión el profesor Ernesto Polanco, quien es rey congo emérito.

“Es también un acto de sanación colectiva, una manera de abordar el doloroso legado de la esclavización a través del arte, la música y un profundo sentido de orgullo”, añadió el también director del Ministerio de Cultura de Colón.

UN MOSAICO DE TRADICIONES

El XIV Festival de Diablos y Congos, bajo el lema “Raíces, Tambores y Danzas”, celebrado en el corazón de Portobelo, Colón, se consolidó como un faro de la riqueza cultural afropanameña, acogiendo a grupos de Bocas del Toro, Colón y la propia ciudad de Panamá, cada uno aportando su propia interpretación de la danza Congo y la figura del Diablo.

“Cada grupo trae consigo su cosmovisión única, su propia historia ancestral. Lo fundamental es preservar la esencia de la tradición sin caer en distorsiones que la desvirtúen”, detalló Polanco. “Gracias a este intercambio cultural, la tradición se enriquece, se adapta a nuevos tiempos y se mantiene viva y vibrante” , reconoció el experto en una entrevista exclusiva para Voyager Magazine PTY.

Lejos de la preocupación por la apropiación cultural, el festival se erige como un ejemplo de apropiación positiva, un acto de difusión y celebración, no de usurpación. “El portobeleño protege celosamente lo suyo, y eso se refleja en el nivel de organización que hemos alcanzado. Han sido veinte años de lucha constante, y catorce desde que los bailes del Diablo se formalizaron”, afirmó con convicción Polanco.

“Existe una confusión persistente, incluso a nivel legal, que sugiere que en esta manifestación cultural el Diablo está por encima del Congo, cuando en realidad es al revés: el Diablo es simplemente un elemento dentro de la tradición Congo. Es crucial corregir esta percepción para salvaguardar la autenticidad de nuestra herencia”, recomendó el profesor.

RAÍCES QUE IMPULSAN EL TURISMO

A fin de destacar el potencial del turismo interno y resaltar la importancia de la preservación de las tradiciones ancestrales, la administradora general de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), Gloria De León, señaló: “Este festival es un testimonio elocuente de cómo el turismo interno puede fortalecer nuestras economías locales, al mismo tiempo que nos permite reconectar con nuestras profundas raíces culturales”.

El evento atrajo a una multitud entusiasta de visitantes nacionales e internacionales, quienes se deleitaron con una oferta gastronómica que evocaba los sabores auténticos de la costa atlántica. Tal es el caso de Georgina González, una turista fascinada, quien compartió: “Es asombroso cómo una celebración puede fusionar tanta historia, música y sabor. Sin duda, Portobelo es un destino que todos deberían experimentar y apreciar”.

No obstante, José Gutiérrez, un miembro apasionado de uno de los grupos folclóricos, explicó: “Para nosotros, esta danza es mucho más que una tradición; es una forma poderosa de mantener viva nuestra historia y de transmitir a las nuevas generaciones la riqueza de nuestras raíces”.

De la misma forma, Carlos Jiménez, un residente local, añadió con orgullo: “Este festival no solo celebra nuestra cultura, sino que también impulsa la economía de nuestra comunidad”.

Definitivamente, los diablos, con sus máscaras de intensos rojos y ébanos, y los Congos, ataviados con vestimentas de un caleidoscopio de colores, protagonizaron las danzas ancestrales que narran la eterna lucha entre el bien y el mal, un legado imborrable de la época colonial en el caribe panameño.

LA COMUNIDAD: EL CORAZÓN PALPITANTE DE LA TRADICIÓN

Si bien el festival cuenta con el valioso apoyo de entidades gubernamentales y privadas, su liderazgo emana del Patronato del Festival de Diablos y Congos, un organismo compuesto por miembros comprometidos de la propia comunidad portobeleña. “Es una ventana para mostrar al mundo nuestra cultura única, pero también una fuente vital de ingresos para muchos: artesanos talentosos, cocineras expertas, músicos apasionados. Aquí, cada persona aporta su grano de arena”, subrayó Polanco.

La Ley 41, que rige al Patronato, fomenta la autogestión y la búsqueda activa de patrocinadores, un modelo que ha fortalecido la autonomía cultural del evento.

«Este es un festival creado por y para la comunidad. El Estado está cumpliendo su papel, pero la verdadera fuerza emana desde adentro. Es esencial que todos asumamos la responsabilidad de cultivar y preservar esta invaluable tradición”, respondió Polanco con un llamado a la acción.

Para el experto, Portobelo es la cuna de su propio folclor. «Es un puente que ayuda a sanar las heridas de la esclavización que aún persisten en algunos corazones y que nos conecta de manera profunda con nuestros ancestros».

Polanco invitó a todos los panameños a desterrar la errónea noción de que las expresiones Congo son de origen afroantillano. «No lo son en absoluto. Son afrocoloniales, afrohispanas, porque se desarrollaron en el crisol de la conquista española, se expresan en lengua española y poseen dinámicas culturales propias del siglo XVII. Comprender esta distinción es fundamental para apreciar su verdadera esencia», aclaró el profesor con firmeza a este medio.

LA SEDUCCIÓN DEL ORO, LA SOMBRA DE LOS PIRATAS

Fundado en 1597 por la Corona española, Portobelo surgió como un eslabón vital en la cadena del comercio trasatlántico, un embudo por donde fluían las riquezas extraídas de las profundidades de Sudamérica. Durante siglos, su bahía fue testigo del ir y venir de galeones cargados de tesoros, convirtiéndola en un objetivo codiciado por potencias rivales y temidos corsarios.

Pixabay. Fuertes de la época colonial en Portobelo.

Portobelo, con una población superior a los diez mil habitantes, alberga un valioso Conjunto Monumental Histórico —compuesto por el circuito de fuertes y baterías, junto al emblemático Castillo de San Felipe— fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980.

Este Conjunto Monumental conformado por los fuertes San Jerónimo, Santiago de la Gloria y San Fernando, hoy vestigios silenciosos cubiertos de líquenes, aún evocan ecos de asedios feroces y defensas desesperadas. Fue frente a estas costas donde el legendario Francis Drake encontró su final, y las cicatrices de la furia del temido pirata Henry Morgan aún se perciben en la arquitectura maltrecha de la ciudad.

Entre las ruinas que resisten el embate del tiempo, la Real Aduana, un imponente testimonio del pasado mercantil, ha encontrado una nueva vida. Sus salones, antaño epicentro del comercio colonial, hoy sirven como escenario para ceremonias, exposiciones y encuentros que reinterpretan la historia desde la perspectiva de la diáspora africana, resignificando un legado complejo con orgullo y resiliencia.

Cada golpe de tambor, cada danza, cada gesto ancestral narra lo que el tiempo jamás logró silenciar: la dignidad de un pueblo que aún resiste, celebra y sueña con un futuro en el que su historia no solo se conserve, sino que se valore y se reconozca como parte viva del patrimonio común de la humanidad.

Atardecer en Portobelo, Colón.

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